En Venezuela la “barriada” se rebela

En Venezuela la “barriada” se rebela

El apoyo popular de los “barrios” fue un pilar del chavismo y ahora está roto. Sus habitantes fueron los primeros en protestar contra el presidente Nicolás Maduro. Continúan hoy en la primera línea de la represión. Aprovechando la decadencia de los programas sociales, la oposición está tratando de ganar más terreno en estos barrios, convertirse en uno de los principales lugares de confrontación política y física, donde se juega parte del futuro del país.

En esta ocasión, Axel Preuss-Kuhne comparte el reportaje de Jean-Baptiste Mouttet desde una emblemática barriada Caraqueña, lugar donde se pone en evidencia el debilitamiento del Madurismo, en comparación con un Chavismo que en otrora fue furor. El reportaje original titula Au Venezuela les quartiers populaires, autrefois bastions du chavisme, se détournent du pouvoir, y fue publicado el 2 de abril de 2019 en el sitio web de opinión bastamag.net.

“No quiero bonos, no quiero clap, lo que quiero es que ¡Nicolás se vaya!”

Las ventanas del edificio están rotas, los arbustos y la hierba alta han invadido el patio. El Centro de Diagnóstico Integral (CDI), que garantizó la asistencia médica de emergencia, fue el orgullo de todo el distrito de Cotiza en Caracas hace dos años. Construido como parte de la misión Barrio Adentro, un programa lanzado en 2003 bajo la presidencia de Hugo Chávez, el dispensario ahora está vacío. El saqueo sucesivo ha destruido todo el equipo médico. En este “barrio” (distrito popular) como en muchos otros, la política social de la “revolución bolivariana” está desapareciendo.

Fue en estas calles estrechas donde comenzó el movimiento contra el presidente Nicolás Maduro. Fue a principios del 21 de enero de 2019, dos días antes de que Juan Guaidó, Presidente de la Asamblea Nacional y Líder de la Oposición, se proclamara Presidente de la República frente a la multitud. Luego, los habitantes tocaron sus cacerolas en señal de protesta y cantaron el famoso eslogan: “No quiero bonos, no quiero clap (comida vendida muy barata a precios subsidiados), lo que quiero es que ¡Nicolás se vaya!”. Los habitantes respondieron a la llamada de los soldados de la Guardia Nacional Bolivariana, en rebelión de un cuartel vecinal, quienes llamaron a la población para que los apoyara.

Un “barrio” tradicionalmente chavista ahora en rebelión

Fue la primera manifestación de este distrito tranquilo y tradicionalmente chavista contra el presidente Maduro. De vecinos a vecinos, el movimiento se extendió de barrio a barrio hasta el 25 de enero. El Observatorio de Conflictos Sociales de Venezuela contó ese día al menos 30 manifestaciones en la Gran Caracas y al menos 63 al día siguiente. El observatorio registró no menos de 2.573 eventos en todo el país durante el mes de enero de 2019.

El domingo 31 de marzo estallaron manifestaciones espontáneas en el país y en los barrios. Las “guarimbas”, como se denominan los bloqueos de calles en Venezuela, se han levantado en protesta contra los cortes recurrentes y prolongados de electricidad, la falta de agua y para exigir la salida del presidente. El recuerdo del 21 de enero, cuando todo comenzó, sigue vivo. “¡Todos iban a la calle!. Incluso mi mejor vecina que era una chavista… Esta vez ya no teníamos miedo”, recuerda Carmen Marcano, una ama de casa de 60 años. Esta simpatizante del partido de oposición Acción Democrática explica por qué los habitantes han protestado: “¿Qué más se podría hacer? El poco dinero que tenemos, se gasta en la comida y no es suficiente. Un kilo de jamón vale más que el salario mínimo”.

1.370.000% de inflación

La crisis económica, insoportable, sembró las semillas del levantamiento. Entre otras dificultades, el distrito de Cotiza no tuvo acceso a agua durante aproximadamente un año. Regresó temporalmente el día antes de la gran movilización de la oposición del 23 de enero, para desaparecer nuevamente a partir de entonces. Las necesidades más simples, como comer, no están aseguradas. El salario mínimo mensual alcanza los 18.000 bolívares soberanos (4,85 euros), es decir, un litro de yogur, o una pequeño frasco de líquido de lavado. Dada la increíble inflación (1.370.000% en 2018 según el FMI), los venezolanos olvidan algunos alimentos y recurren a otros, más accesibles pero aún más caros, como las papas, cuyo kilo vale una cuarta parte de un salario mínimo, o el plátano -una sexta parte del salario mínimo por kilogramo-.

Carmen, con su esposo carnicero y sus seis hijos, dice que no come tres veces al día. El 80% de los hogares venezolanos están “en riesgo de inseguridad alimentaria”, según una encuesta de condiciones de vida realizada por tres universidades. Desde su sala de estar que se está desmoronando, Carmen dice que no pudo curar las heridas del perdigón que recibió durante la manifestación. Dos meses después, su espalda todavía está llena de huellas circulares causadas por el impacto de bolas de plástico disparadas por la policía. Algunos se han ennegrecido. Ella no puede darse el lujo de ir a una clínica o comprar un desinfectante.

El poder ha perdido su popular “escudo”

A diferencia de las movilizaciones de 2017, estas manifestaciones populares han precedido la agenda de la oposición. “Es muy malo para la imagen del gobierno a nivel internacional. Esto demuestra que la gente ya no lo apoya”, dice Rafael Uzcátegui, jefe de la organización venezolana para la defensa de los derechos humanos Provea. Los barrios fueron un apoyo electoral del chavismo. Cuando, en abril de 2002, un golpe de estado sacó a Hugo Chávez del poder durante 48 horas, se convocó una protesta masiva en Caracas para exigir su regreso. Los barrios entonces “descendieron” para apoyar la revolución bolivariana. Reproducir esto es un desafío para los maduristas de hoy. El 23 de enero de 2019, ante la movilización de la oposición, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, pidió a los militantes que protegieran el Palacio de Miraflores, sede del gobierno, con la esperanza de repetir el evento de 2002. La convocatoria no pudo tener el éxito esperado.

Esta grieta en el electorado chavista ya era visible en las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015, cuando la oposición obtuvo la mayoría de los escaños en la Asamblea Nacional. Incluso el altamente caótico barrio “23 de Enero”, el barrio donde descansa Hugo Chávez, colocó a la lista de la oposición en la parte superior de las encuestas.