La crisis de Venezuela está alimentando la prostitución y el tráfico sexual en la Costa del Sol

La crisis de Venezuela está alimentando la prostitución y el tráfico sexual en la Costa del Sol

La tragedia que vive el pueblo venezolano se expresa de múltiples y crueles maneras. En esta oportunidad, Axel Preuss-Kuhne comparte el trabajo de Joe Wallen para Telegraph, en su artículo How Venezuela’s crisis is fuelling prostitution and sex trafficking on Spain’s Costa del Sol, publicado el 1 de febrero de 2019 en telegraph.co.uk.

Lucia Palacios: De enfermera a prostituta

Lucía Palacios, de 22 años, fue siempre la mejor de su clase. Ella vivía en Maracay, Venezuela. Sus calificaciones eran tan buenas que ganó un lugar en una de las escuelas de medicina más prestigiosas del país, y se formó para convertirse en enfermera especializada.

Pero hoy, la Sra. Palacios, no es su nombre real, está trabajando como prostituta, vendiendo favores sexuales a turistas británicos y alemanes en la Costa del Sol.

Ella es una de los 208.333 venezolanos que las autoridades españolas consideran que han huido hacia España en los últimos años.

Se cree que la verdadera cifra es mucho más alta y es frecuente que mujeres educadas, como la Sra. Palacios, se hayan visto obligadas a ejercer la prostitución para poder subsistir.

“Esta es la primera y la última vez que trabajaré en esta industria”, dijo la Sra. Palacios, que trabaja desde un pequeño apartamento en Benalmádena, cerca de Marbella.

Ella dice que la mayoría de sus clientes son turistas británicos, y agregó que muchos son “abusivos debido al consumo de alcohol”. Ella al menos ha escapado de los burdeles de la zona. La Sra. Palacios ha trabajado en lugares que hacen que una prostituta atienda clientes por 24 horas y no se le permite dormir.

La Sra. Palacios dice que se vio obligada a abandonar Venezuela luego de que la economía del país sufriera un colapso y la inflación anual llegara al 80.000 por ciento a fines del año pasado.

Se siente atrapada en España, ya que su familia en Venezuela depende de los cientos de euros que les envía cada mes para comprar alimentos y suministros médicos esenciales. Es la cabeza de su familia.

Venezuela, un país en caída libre

La crisis humanitaria de Venezuela ahora ha ocupado un lugar central en la política mundial, con Estados Unidos, Reino Unido y el Parlamento Europeo reconociendo al líder opositor Juan Guaidó como el presidente legítimo, mientras que Rusia y China se alinean detrás de Nicolás Maduro.

La corrupción y la mala gestión bajo el ex presidente Hugo Chávez, y ahora del señor Maduro, han creado una tormenta perfecta.

Más del 30 por ciento de la población está sin trabajo y, para las personas que trabajan, el salario mínimo mensual se ha visto tan erosionado por la inflación que solo es suficiente para comprar una taza de café.

Los estantes de los supermercados están vacíos y, en el mejor de los casos, el agua y la electricidad son intermitentes.

Los hospitales se han quedado sin medicamentos básicos, lo que lleva a una crisis de salud tan profunda que los expertos la comparan con los estados destrozados por la guerra de Siria y Yemen.

La ley y el orden también se han roto y la capital, Caracas, ahora tiene la tasa de homicidios más alta de todas las capitales del mundo.

España contó a Venezuela como colonia hasta 1821 y tiene los requisitos de ingreso más flexibles para los venezolanos en Europa.

Los inmigrantes tienen derecho a una visa de turista de tres meses a su llegada y pueden solicitar la ciudadanía permanente después de tres años viviendo en el país.

Pero para las mujeres como la Sra. Palacios, la migración a España es tensa y peligrosa.

Para aquellos que no pueden comprar sus propios boletos de avión, los traficantes de personas están financiando los costos de viaje y luego obligan a las mujeres a trabajar en la industria del sexo a su llegada, para pagar sus deudas.

Entre 2014 y 2017, el Ministerio del Interior español registró un aumento del 1.200 por ciento en las víctimas de abuso sexual forzado proveniente de Venezuela.

Aumentan los casos de mujeres venezolanas traficadas en España en los últimos dos años

Una inmigrante venezolana que dio su nombre solo como Salomé, de 30 años, le dijo a The Daily Telegraph que fue obligada a prostituirse a su llegada a España junto con otras personas, por un traficante que amenazó con hacerle daño a ella y a su familia en Venezuela si se negaba. Por falta de empleo y comida, Salomé se vio obligada a dejar a la hija al cuidado de su madre.

Salome y sus amigas fueron obligadas a servir a clientes británicos y otros europeos en un burdel en Madrid hasta que fueron liberadas en una redada policial.

GENERA, una organización benéfica que ayuda a mujeres traficadas en España, denuncia que hay un aumento en los casos de mujeres venezolanas en los últimos dos años. La policía confirma la misma tendencia.

Volvi Gutiérrez, de 29 años, trabaja como prostituta en el popular centro vacacional de Palma, Mallorca, enviando 1000 euros al mes a su familia en Venezuela.

Como las demás, ella dice que sus clientes son predominantemente británicos y alemanes. Cuando llegó en 2012, dice que estaba al tanto de que solo otras dos mujeres venezolanas trabajaban en la prostitución en la isla.

Ahora, ella dice que sabe de más de 30, todas trabajando para apoyar a las familias en casa.

“Entre tener que enviar dinero a nuestros familiares y pagar por quedarnos aquí para hacer esto, ¿qué otro trabajo podemos hacer?”, pregunta.

En el polígono industrial Polhoro Guadalhorce en Málaga, mujeres de toda América Latina, Europa del Este y África se posan en taburetes del lado de la calle, gesticulando a los conductores que ocasionalmente paran para pagar 20 euros por media hora con una de las mujeres.

Es una escena angustiosa por cualquier medida. Muchas de las mujeres, ya traumatizadas por la violencia y la pobreza, se han vuelto dependientes de las drogas y el alcohol.

Y las calles en las que viven y trabajan están llenas de agujas hipodérmicas, condones y otros detritos. Sin embargo, las recientes noticias desde el país natal han despertado el ánimo de las mujeres y ha traído un cierto grado de esperanza.

“Tal vez, finalmente, las cosas cambien en casa”, dice una joven venezolana con una sudadera con capucha azul marino.